La última eliminación de Gran Hermano generó mucha polémica. Durante toda la
semana, las encuestas y bocas de urna en redes sociales daban como casi segura
la salida de Gabriela. Sin embargo, en los últimos dos días, Renato creció en
intención de voto, pero parecía que no alcanzaba para quedar fuera del
reality. Finalmente, cuando llegó el momento de la verdad, quien tuvo que
abandonar la casa fue el peruano. Este resultado generó sorpresa.
A diferencia de las encuestas online, donde los resultados se pueden verificar
en tiempo real, el sistema de votación oficial es completamente opaco. Solo
conocemos los números finales cuando Santiago del Moro los anuncia. Mientras
tanto, las bocas de urna, pese a sus limitaciones, suelen representar un
reflejo más inmediato del sentimiento de la audiencia. Si tantas coincidían en
que Gabriela era la próxima eliminada, ¿cómo se explica este vuelco tan
repentino?
No es la primera vez que surgen sospechas sobre el sistema de votación en Gran
Hermano. Desde hace años, algunos seguidores denuncian que los resultados
pueden estar influenciados por intereses de la producción, ya sea para
mantener personajes polémicos o para generar impacto en la audiencia. Aunque,
claro, no hay pruebas concretas.
Tal vez nunca sepamos con certeza qué ocurre detrás de los números oficiales.
Pero lo que es innegable es que las encuestas y las bocas de urna siguen
siendo la única herramienta visible para medir la voluntad del público. Y
cuando la diferencia entre ellas y los resultados finales es tan grande, es
legítimo preguntarse: ¿realmente el público decide o hay algo más en
juego?


